miércoles, 27 de noviembre de 2019

Escritor Avelino Stanley, un punto más alto del compromiso



Así valora hoy día, 22 años después de haber recibido el premio Nacional de Literatura en el año 1997 por su novela Tiempo Muerto, el escritor dominicano Avelino Stanley, compromiso al que refiere con aumentar la calidad y los temas que tienen que ver con la cotidianidad del país y con los problemas de las gentes sencilla que a su juicio, deben ser llevados a la literatura.

Stanley, un escrito dedicado fundamentalmente a las novelas y los cuentos, aunque ha rozado en varios de sus libros con los ensayos, resalta que su mayor preocupación al escribir ha sido la de tener una prosa lo más acabada posible sin que la misma deje de llegar a la gente común.

El Escritor visita en el día de hoy varios centros educativos del Distrito 1203 de El Seibo, con cuyos estudiantes conectará a tavés de conversatirios tipos charlas, en los cuales animará a los alumnos a interesarse por la literatura y la lengua española, así como por la lectura.




Avelino Stanley está siendo acompañado por la Licda. Dania Ramos, Analista Técnica de Lengua Española del Distrito Educativo 1203 – El Seibo, del Ministerio de Educación de La República Dominicana.

Avelino Stanley nació en La Romana, en un lugar donde el silbido del tren cañero competía con el canto de los gallos. Hijo de un cocolo –inmigrante de las islas Saint Kitts and Nevis– y una dominicana de Higüey, Avelino entrenó la mirada en los amaneceres que peleaban un lugar con el color de los cañaverales.
Años después se hizo escritor, y en 1997 obtuvo el Premio Nacional de Novela por Tiempo muerto, un libro donde cuenta la historia de un hombre que una vez, hace muchos años, sin pedir permiso a nadie, se hizo a la mar y se instaló en las llanuras del Este de República Dominicana, y luego se perdió en la bruma del tiempo: su padre.
Avelino creció en el ingenio Consuelo, provincia San Pedro de Macorís. Cuando el sol salía al otro lado de los rieles del tren cañero, los muchachos del lugar jugaban a alcanzarlo, y aunque nunca lo lograban, las manos se les quedaban llenas de luz.
En Consuelo ya se pararon las maquinas del central y las flores se quedaron sin futuro; ya las viejas chimeneas y la música de la molienda son nostalgias del pasado. Y ahora, en el polvo de sus calles y en olvidados libros de historia, está contada la tristeza de los tiempos.
Lo que quedó de aquellos días fue un bagazo: unos hombres vencidos y olvidados, lastimados por el tiempo y despedazados por la maquinaria de la injusticia, con la vida a la deriva y ríos de penas corriendo en sus miradas: los cañeros. Y por ellos aboga hoy Avelino Stanley, oriundo de los cañaverales, cronista de los amaneceres del Este y Premio Nacional de Novela.
“Puede ser que no actúe la justicia que hoy impera; puede ser que la justicia divina se quede al margen, pero ese crimen de lesa humanidad que se está cometiendo contra los cañeros será juzgado por el más implacable de los juicios en el tribunal de la historia”.
Veinte libros después del inicio de su carrera, este contador de historias llamado Avelino Stanley presentó den el año 2018 su libro número 20: El caso número cien, una novela sobre los feminicidios, en un intento de apoyar la lucha contra esa problemática, ya convertidos en una epidemia.
Por: Jochy Hernández 

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